Haikai no renga

I

Mariposa amarilla
Entre verde vuelo.

Como la transformación de la nube que va de lugar en lugar.

Y toma las formas y color de las flores que toca.

Hojas caen
Y regresan a la tierra
Lo duradero también pasa.

Y lo que pasa
Parece no pesar
Como la mariposa que se posa sobre la levedad de la flor.

Y las nubes
Que bañan las montañas
Como mariposas.

Así como la llama
Baña el tronco que consume mientras renace la vida.

II

El cemento abandonado alguna vez fue roca maestra.

Maestra que guarda memoria
Piedra que la habita
Se posa la libélula.

Habita la libélula en la roca colorida.

Y siente el viejo candor
De lo sagrado vuelto profano.

Altares se levantan
Y se deruumban
La roca permanece siempre.

Aunque el siempre
Pueda ser un instante
O mil años.

Y llena de musgo
La roca
Se viste montaña.

III

Las aves del paraíso
Miran fijamente
A la montaña.

La montaña las mira de vuelta
Sin esperar nada a cambio.

Siguen su vuelo
Siguen montañas
Y reposan sus alas.

Las cuevas del condor
Acogen a las aves
Pasajeras sin retorno.

Condor vuela
Con él el viento,
Anuncio de júbilo.

Las alas anuncian el vuelo del viento.

IV

Desde la cima de la montaña se observa el vacío de la ciudad.

Los sonidos del cielo
Caen en ella
Y le dejan aire de nostalgia.

La lluvia inunda la tarde
Se mecen las ramas.
Una flor emerge.

Se mece y se mece
Entre vapor y lluvia
Sin esperar más,
Que lo que acontece.

Y se desliza
Entre las hojas
Hasta llegar a las nubes.

Inmanentes llenan el espacio
Desde el infinito hasta el presente instantáneo.

Azul cielo nube llena
Agua río piedra pez
Arena… mar.

V

Sobre las hojas tesoros diamantinos
Caen a la tierra
Sin sospechar siquiera su valor.

Se desliza a lo largo de la hoja
Hasta caer al suelo.

La tierra acoge y transforma sin indiferencia
Ni desamor.

Tierra fértil una mañana
Frutas secas otras.

Las hojas secas son como la cobija de la montaña.

Los árboles las sombrillas
al pasto.

La lluvia cae
La tierra recibe
Se acaba el poema.

VI

Siguiendo el camino de las hormigas
Pierdo el rumbo.

Y la vida florece como cada abril.

Cada abril trae consigo su propia primavera.

Como el abril de la dulzura en primavera.

Pero el corazón distraído
Se pierde en la contemplación
De sí mismo.

Como un espejo
Cuyo reflejo se borra
Entre las flores marchitas.

Que parecen contemplar con anhelo
La tierra mojada.

VII

La luz se esconde
Detrás de la montaña
Alumbra otra libreta.

La sombra entre el cielo
Y el borde de las nubes
Nace anochecer.

La montaña se pregunta
Lo que sucede cuando acaba la noche
Y la noche se pregunta
Que seguirá después de ella.

Una libreta
Llena de verde
Se pregunta su origen.

Estarán siempre allí
Viendo pasar la vida de otros
Mientras su propia vida pasa.

Vida que pasa
Sombra que cobija
También el árbol muere.

La luz nace después de la oscuridad de una noche.

 

Escritos por: 

 

Ismael Mejía

Diana Álzate

Yenid Astrid García

Isabel Cardona

José Toro

Esteban Mazuera

Valeria Isaza

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