I

Lo que se suelta
dulcemente se condena al silencio
como las piedras,
se convierte en silencio.

Envuelve el misterio,
un camino de espejos que no termina
envuelve la niebla.

Esta agua es de donde vengo
estoy en frente de la desnudez que soy
(el vacío es el espejo).

II

Lo que se oculta,
ese bosque que me llama entre la bruma.

Aún silenciosamente esperando un cruce de caminos.

El hilo invisible que sigo,
se acerca.
Paisajes que ya no existen,
se aleja.

Repite:
como dentro de un encantamiento,
se desoculta.
(Bosque que se pierde en la memoria).

III

Quisiera abandonar mi cuerpo a las profundidades de todo lo que nace
como la semilla que se destruye por completo para dar paso a lo que brota
(La laguna es el espejo).

IV

Un viaje interminable apenas comienza,
a las orillas quietas de azul: comienza.

El pagamento.

Amapolas llenando la laguna que duerme,
que como yo, apenas comienza a despertar.

La ofrenda,
el sacrificio.

No se trata de buscar, ni de encontrar
sino de perder.

(El abandono también es un espejismo).

V

Devolverle todo a la tierra
(esta belleza, esta belleza)
no quedarse con nada.

Lo que se necesite para acompañar este canto
para envolver esta melancolía en el manto de la noche sagrada
(bañada por la lluvia).

La cercanía no es otra cosa que ilusión
y aún así existe el abrazo.

La niebla frente a mí: silencio.
Sale de mi boca: silencio.

Purificación en medio del frío de la madrugada.

No se abandona, se deja de abrazar
(que es otra cosa).

Lírica generada durante el peregrinaje a la Laguna del Silencio, en la Estrella, Antioquia.

Poesía y voz: Valeria Isaza
Edición: Walter Gómez
Fotografía: Daniel Correa
Sonidos Originales de Voces de la Madre Tierra